miércoles, 28 de enero de 2009

El primer café

Llegamos al café, yo me senté de espaldas al espejo y vos apoyaste tu libro sobre la mesa. No te diste cuenta, pero una gota de agua mojó progresivamente las primeras páginas del libro.
Después te pedí que me leyeras una parte; la de la mujer que se sienta frente a la ventana y dice: “Háblame como la lluvia y déjame escuchar”. No te lo dije, pero me gusta cómo escribís.
-El proceso creativo es muy extraño.
-Sí que lo es.
Debo confesarte que mientras hablabas del proceso creativo te hice el amor, construimos una casa en Carapachay, fuimos al supermercado, viajamos en colectivo, me emborraché y rompí una copa, te enojaste, cociné pollo, te hablé de mi madre, me entristecí frente a una ventana, pensé en escribir un cuento, recordé dos poesías. Hasta que miraste el reloj ¡Insensato, los viernes blancos no tienen tiempo!
-Estás callada.
-Un poco, sí.
-Tengo que trabajar mañana.
-Qué lástima (ya te querés ir y todavía no te hablé de la lluvia que repica en mi techo, de las estrellas que la luna se tragó, del día que aprendí a mentir, de cuando me asustó la eternidad, de lo extraño que ha sido el amor para mí en estos últimos años. Ya te querés ir y todavía no sabés que puedo ser pluma y papel, que me torcí el tobillo al trepar un árbol, que cada día tiene su color, que voy a morir como murió mi abuela, que sigo esperando, que tu libro dice cosas que alguna vez pensé y que las agujas del tiempo me tienen acorralada).
Subí a tu auto. Mis palabras seguían presas del silencio ¿Qué esperabas que dijera?, todo se había transformado en un gran corazón palpitante que retumbaba en mis orejas hirvientes. Por suerte la voz de Barry White me rescató del mutismo sepulcral.
-Me encanta Barry White.
-Murió hace 3 años.
(tengo que hablar, hablar, hablar, hoy es viernes 23, “…I don´t want clever conversations…”, el perfume lo compré en Londres, “…I love you just the way you are…”, SUPERMERCADO: PYONGYANG)
-Pyongyang es la capital de Corea del Norte.
-No lo sabía.
(no lo sabía, sabía, sabía, bía, saber, decir, saber decir, “…You´ll always have my unspoken passion…”)
Tu beso fraternal me dolió. Luego no quedó más que la puerta de mi casa, las llaves, un cuarto giro a la izquierda, un saludo, un cuarto giro a la derecha, cinco pasos, el ascensor, el espejo, mi cara, la verdad, una pluma, un papel y esta carta.

Presente

Un hombre que había sido niño tierno pero que sería malévolo después, se sentó al costado de un camino que había sido tierra y que luego sería cal.
Tomó una flor, que había sido semilla y que se convertiría en polvo y le contó una historia del pasado que se iría a repetir una y otra vez.
La flor se torció y el hombre marchó hacia su futuro, recordando su pasado.

martes, 27 de enero de 2009

La otra cara

Aquella noche de lluvia en la que saliste raudo a comprar cigarrillos, tuve una revelación que atravesó mis pensamientos como un rayo fulminante.
Lamenté que hubieras regresado.

lunes, 26 de enero de 2009

domingo, 25 de enero de 2009

Cama adentro

Antes de que comenzara la película yo ya estaba apoltronada en el ángulo recto que forman la cama y el respaldo de la cama. En la mano derecha tenía el control remoto y en la izquierda medio kilo de helado.
Cuando la protagonista principal apareció en escena pensé:
"Esta es la típica señorona copetuda que no se resigna a perder su status socioeconómico". Y me devoré una cucharadota de helado que abracé con mis labios como si estuviera besando al amante más sensual y magnético del mundo.
Apenas entró el personaje secundario en escena pensé:
"Esta es la típica mucamita que no puede vivir sin la patrona que la maltrata; la clásica hija del rigor". Y me ahogué en un bocado de crema helada que derretí al instante con el calor y la humedad de mi boca.
Poco a poco se fueron presentando los personajes periféricos y lo hicieron como lo que eran; marginales. La hija de la señorona copetuda resultó ser una lesbiana infeliz que, incapaz de reconocer su verdad frente a su familia, decide huir al extranjero.
El novio de la mucamita, insulso pero compulsivamente infiel, era un parásito social que no lograba mantener un trabajo por más de un mes.
Así fue como pasé gran parte de la noche, regodeándome entre cucharadas de placer y miserias ajenas.
Hasta que de pronto el filo de mi cuchara fue a dar con lo áspero del telgopor. Desde el vacío blanco del pote sentí que una voz me hablaba, quise creer que era la voz de mi propia conciencia pero luego advertí que más se parecía a un susurro diabólico, a un murmullo constante que repetía:
"¿Y vos quién sos?”
Entonces alcé la vista y me vi en el espejo que está sobre la cómoda. Me encontré apoltronada, con el control remoto en la mano derecha, tenía bigotes de crema, los ojos enrojecidos y el cabello electrizado.
Era sábado a la noche y hacía un frío eterno.

40

Hoy recordé aquél beso que me dio en el umbral de la casa de mis padres. Hacía frío. Apretó fuerte mi cuerpo contra el suyo, apoyó su boca sobre mis labios y me besó largo y seco.
No me gustó mucho ese beso, esperaba uno más jugoso, con diferentes niveles de intensidad, no sé, quizás uno que no fuera tan pulcro, tan olvidable.
Pero ahora que me adentro en el recuerdo, comprendo que toda su impronta siempre fue muy aséptica; el pelo engominado, las camisas almidonadas, los zapatos brillantes, el aroma a pino silvestre penetrante, permanente.
Le faltaba humanidad, claro que sí. Le faltaba potrero y una cicatriz en la ceja, tal vez.
Pero si interrumpí aquél beso, no fue porque me desagradara. ¿Quién puede aborrecer un vaso de agua?. Si lo aparté fue porque las llaves de su auto me apretaban la pierna y se lo dije.
-No son las llaves, tontita-. Me contestó mientras sacudía mi nariz con sus dedos.
Después se perdió en un violento ataque de risa. Su boca se fue haciendo cada vez más grande y más grande y las carcajadas retumbaron en el pasillo. Hasta que mi madre apareció de la nada, en camisón, a tironearnos de los pelos y a decirnos barbaridades.
Esa fue la primera vez que lo vi humano. Estaba avergonzado, totalmente despeinado, con las mejillas rojas, la camisa fuera del pantalón y una expresión de temor en el rostro inolvidable.

sábado, 24 de enero de 2009

Primavera 0

Ahora que todo comienza a brotar y las azucenas perfuman el aire con sus pétalos de trompeta y los nardos se yerguen valientes ante la gravedad.

¡Ay, cómo se yerguen los nardos!

Ahora, sí, ahora que todo comienza a brotar y los colibríes rubí polinizan las dalias y los azahares…los azahares…-no sé bien qué sucede con ellos en primavera pero algo les pasa-.
Ahora, sí, ahora que las faldas se acortan, los escotes se profundizan y las lenguas hierven en la humedad de amores casuales. Ahora que los jazmines coronan las cabecitas de novias entuladas mientras las noches se estrellan contra botellas de champagne y las pieles huelen a frutas tropicales.
Ahora, sí, cuando todo comienza a brotar y el resplandor de esta tarde infernal me perfora la sien y la gente corre –me empuja, alienada- en su afán de perpetuar las horas de luz.
Ahora, justo ahora que el aire, más denso, agita mi sangre a borbotones y el amor ajeno me encrespa los nervios, me siento, en el único banco libre de una plaza orgiástica, a descuartizar una margarita cuyo último pétalo dice que no.

lunes, 19 de enero de 2009

jueves, 15 de enero de 2009